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Canto del hastío eterno
por años ocupó el trono, con su anhelo insatisfecho.
Mas en la casa de los Yang una doncella floreció de nuevo,
criada en lo hondo de estancias donde ajenos ojos no hollaban.
Una belleza de origen celeste, muy radiante para ocultarse,
salió una mañana a brillar junto al soberano.
Al girar la mirada para sonreír, un centenar de encantos brotaron,
y las pálidas concubinas de los seis palacios palidecieron.
En el frío primaveral le dieron venia en el estanque Huaqing para purificarse,
donde las tibias aguas suavizaron y lavaron su carne tersa y de nieve.
Las criadas la sostenían, tan delicada y frágil —
así fue como por vez primera recibió la gracia del lecho real.
Cabello de nube y rostro de flor, con gemas de oro tintineantes,
en la cálida tienda de hibisco pasaron la noche de primavera.
¡Amargo que fuera tan breve la primavera y tan alto el sol matutino!
Desde esa hora el monarca descuidó su corte matutina.
Banqueteando en su desenfrenado favor sin un solo instante de pausa,
siguiendo sus delicias primaverales, monopolizando cada noche.
Aun cuando tres mil bellezas colmaban las cámaras de la corte,
toda la ternura y el amor convergieron solo en ella.
Ataviada en su cámara dorada, aguardaba durante la noche;
cuando los banquetes de la torre de jade cesaban, él bebía y respiraba su primavera.
Hermanos y hermanas, todos y cada uno, recibieron feudos de tierra;
¡cuán trágico que un brillo tal alboreara sobre su linaje!
Y así por todo el imperio el corazón de cada padre cambió:
no más desdén por los varones recién nacidos, ¡clamando por hijas mujeres!
Muy alto sobre el palacio Licheh se alzaban las nubes azules,
donde la música inmortal flotaba en el viento para deleite de todos.
Cantos lentos y danzas lánguidas ahogaban cuerdas y flautas;
el soberano contemplaba el día entero sin saciarse jamás.
Entonces los tambores de batalla de Yuyang sacudieron la temblorosa tierra,
y despedazaron la falda del arco iris y el plumaje de aves.
Sobre las torres del palacio surgió espeso humo y polvo,
mientras diez mil jinetes corrían hacia las colinas del oeste.
Los estandartes imperiales vacilaban, deteniéndose en su camino;
apenas a cien millas más allá de la capital pasaron.
Los batallones amotinados se negaron a avanzar ni un ápice,
hasta que ante los cascos del caballo la beldad de cejas de polilla expiró.
Sus baratijas florales yacían en el polvo, desatendidas y sin dueño,
adornos de martín pescador, gorriones dorados, horquillas de jade arrojadas.
El monarca ocultó su rostro doliente, incapaz de salvarla;
al volverse, su sangre y sus lágrimas fluyeron fundidas.
El polvo amarillo se dispersó amplio, el viento otoñal soplaba lúgubre,
mientras sinuosos tablones de nubes ascendían por la brecha del desfiladero.
Bajo el monte Emei apenas se veían ya caminantes,
donde los estandartes perdían lustre y el sol lucía pálido y delgado.
Las aguas de Shu eran esmeralda, profundamente azules las montañas,
aun así el sagrado señor rumiaba su amor de alba a ocaso.
En la posada del camino la luz lunar vestía un tinte desconsolado;
en la noche la llovizna del templo tañía una campana desgarradora.
Entonces el cielo giró, el sol hizo retroceder el carro del dragón;
mas en este fatal sitio él se detuvo, incapaz de partir.
Abajo, bajo el fango y la arcilla de la pendiente de Mawei,
su rostro de jade se había ido para siempre, dejando solo una vacía muerte.
Monarca y ministros miraban a través de túnicas empapadas en lágrimas,
mirando al este hacia las puertas de la ciudad, dejando vagar los caballos a casa.
De vuelta en los terrenos del palacio, los patios seguían iguales:
los estanques de Taiye con flores de loto, los sauces llorones de Weiyang.
Las flores de loto igualaban su rostro, los sauces reflejaban sus cejas —
¿cómo podía contemplarlos sin dejar caer sus lágrimas?
Cuando los duraznos y ciruelos florecían al soplo de la noche primaveral,
o cuando las lluvias de otoño derribaban las hojas de los wutong.
En los jardines del sur y del oeste crecía la hierba otoñal,
y hojas rojas ahogaban los escalones de mármol, marchitas y sin barrer.
Nuevas canas habían alcanzado a la joven compañía del Jardín de Pera;
los eunucos de las cámaras interiores veían encanecer sus oscuras cejas.
En las salas crepusculares las moscas zumbaban para avivar su callada pena;
la lámpara solitaria ardía baja, mas el sueño negaba venir.
Lenta, lentamente percutían los tambores en la noche que se alargaba;
clara y brillante la Vía Láctea aguardaba los cielos del alba.
Las tejas de patos mandarines helaban bajo la escarcha espesa,
y la colcha de martín pescador sentía frío —¿con quién compartirla ahora?
Años tras largos años transcurrieron en la separación de vida y muerte,
mas jamás su alma errante retornó a habitar sus sueños.
Un sacerdote errante de Linqiong, huésped de la ciudad de Hongdu,
poseía la secreta magia para convocar almas partidas.
Forzando su corazón a calmar el dolor de los interminables suspiros del soberano,
ordinó al mago buscar lejos a dónde había huido su espíritu.
Cabalgando por el aire vacío sobre alas de rayo veloz partió,
asendiendo hacia el cielo, sumergiéndose hondo bajo la tierra,
alzó el vuelo a la bóveda azul, descendió a los manantiales amarillos,
sin embargo ambos reinos eran vastos y brumosos, sin mostrar rastro de ella.
Entonces oyó allende el océano de una isla de espíritus bienaventurados,
flotando en medio de vapores vacíos y brumosas neblinas.
Elevados pabellones se alzaban entre nubes de cinco colores,
y en sus amorosos patios moraban las reinas hadas.
Y entre ellas había un espíritu cuyo estilo real era Taizhen,
con piel de nieve y rostro de flor, semejante a la perdida.
Tocó a la puerta occidental con su pesada anilla de jade,
ordenando a Xiaoyu transmitir el recado a Shuangcheng.
Al oír que un enviado llegaba de la corte del monarca Han,
dentro de las tiendas bordadas de flores su alma soñadora despertó estupefacta.
Empujando la almohada, alzando la túnica, caminó turbada,
mientras pantallas con cuentas de perlas y marcos de plata rodaban pieza a pieza.
Cabello nublado aún medio enmarañado por su repentino sopor,
sin su corona florida descendió por la sala del palacio.
El viento mecía sus mangas inmortales elevándolas en vuelo,
recordando el compás de la danza de la falda del arco iris y el plumaje.
Su rostro de jade estaba desolado, sus lágrimas un caudaloso arroyo —
una sola rama de flores de peral abrumada de lluvia primaveral.
Con hondo sentimiento en la mirada agradeció al señor real:
desde el día de su partida, mundos y voces se habían desvanecido.
En el palacio Zhaoyang su amor mutuo expiró antaño;
ahora en los salones de Penglai los meses y los años arrastraban su paso.
Volvió la cabeza para mirar abajo hacia la esfera mortal,
donde Chang'an se ocultaba honda entre polvo y neblina a la deriva.
Ella extrajo antiguos tokens para probar su firme corazón,
y entregó una caja de oro embutido y una horquilla partida de regreso.
Un cabo de la horquilla guardó, la mitad de la caja entregó,
quebrando el oro dorado, dividiendo el estuche:
«Que nuestros corazones permanezcan tan sólidos como este oro y esta horquilla,
y en el cielo o en la tierra habremos de encontrarnos de nuevo».
Al partir, confió a su oído una postrera palabra —
votos que solo sus corazones conocían, sellados en antigua verdad:
El séptimo día del séptimo mes, en el Palacio de la Vida Eterna,
a la hora de medianoche en que todo callaba, habían susurrado en la sombra:
«En los cielos deseamos volar como aves gemelas, compartiendo alas,
en la tierra creceremos entrelazados como ramas de un árbol».
Aunque el cielo y la tierra perezcan, y el tiempo mismo concluya,
este hondo pesar se extiende sin fin por toda la eternidad.
楊家有女初長成,養在深閨人未識。
天生麗質難自棄,一朝選在君王側。
回眸一笑百媚生,六宮粉黛無顏色。
春寒賜浴華清池,溫泉水滑洗凝脂。
侍兒扶起嬌無力,始是新承恩澤時。
雲鬢花顏金步搖,芙蓉帳暖度春宵。
春宵苦短日高起,從此君王不早朝。
承歡侍宴無閑暇,春從春遊夜專夜。
後宮佳麗三千人,三千寵愛在一身。
金屋妝成嬌侍夜,玉樓宴罷醉和春。
姊妹弟兄皆列土,可憐光彩生門戶。
遂令天下父母心,不重生男重生女。
驪宮高處入青雲,仙樂風飄處處聞。
緩歌慢舞凝絲竹,盡日君王看不足。
漁陽鞞鼓動地來,驚破霓裳羽衣曲。
九重城闕煙塵生,千乘萬騎西南行。
翠華搖搖行復止,西出都門百餘裏。
六軍不發無奈何,宛轉蛾眉馬前死。
花鈿委地無人收,翠翹金雀玉搔頭。
君王掩面救不得,回看血淚相和流。
黃埃散漫風蕭索,雲棧縈紆登劒閣。
峨嵋山下少人行,旌旗無光日色薄。
蜀江水碧蜀山青,聖主朝朝暮暮情。
行宮見月傷心色,夜雨聞鈴腸斷聲。
天旋日轉迴龍馭,到此躊躇不能去。
馬嵬坡下泥土中,不見玉顏空死處。
君臣相顧盡霑衣,東望都門信馬歸。
歸來池苑皆依舊,太液芙蓉未央柳。
芙蓉如面柳如眉,對此如何不淚垂?
春風桃李花開夜,秋雨梧桐葉落時。
西宮南苑多秋草,宮葉滿階紅不埽。
棃園弟子白髮新,椒房阿監青娥老。
夕殿螢飛思悄然,孤燈挑盡未成眠。
遲遲鐘鼓初長夜,耿耿星河欲曙天。
鴛鴦瓦冷霜華重,翡翠衾寒誰與共。
悠悠生死別經年,魂魄不曾來入夢。
臨邛道士鴻都客,能以精誠致魂魄。
爲感君王展轉思,遂教方士殷勤覓。
排空馭氣奔如電,昇天入地求之徧。
上窮碧落下黃泉,兩處茫茫皆不見。
忽聞海上有仙山,山在虛無縹緲間。
樓閣玲瓏五雲起,其中綽約多仙子。
中有一人字太真,雪膚花貌參差是。
金闕西廂叩玉扃,轉教小玉報雙成。
聞道漢家天子使,九華帳裏夢魂驚。
攬衣推枕起裴回,珠箔銀屏邐迤開。
雲鬢半偏新睡覺,花冠不整下堂來。
風吹仙袂飄颻舉,猶似霓裳羽衣舞。
玉容寂莫淚闌幹,棃花一枝春帶雨。
含情凝睇謝君王,一別音容兩渺茫。
昭陽殿裏恩愛絕,蓬萊宮中日月長。
回頭下望人寰處,不見長安見塵霧。
唯將舊物表深情,鈿合金釵寄將去。
釵留一股合一扇,釵擘黃金合分鈿。
但教心似金鈿堅,天上人間會相見。
臨別殷勤重寄詞,詞中有誓兩心知。
七月七日長生殿,夜半無人私語時。
在天願作比翼鳥,在地願爲連理枝。
天長地久有時盡,此恨緜緜無絕期。